Unicidad Pentecostal Apostólica · Ser, Saber, Hacer
Capítulo 1 · Clase 2: Ahora soy hijo de Dios 2
Guía de estudio
Acompaña la clase con tu Biblia
Sigue la enseñanza mientras escuchas, busca los pasajes en tu propia Biblia y toma un momento en la semana para repasar.
Objetivo de esta clase
Lo que vas a entender
Esta clase es continuación de la anterior. En ella vas a entender que para ser hijo de Dios se necesita un proceso, y hoy verás el segundo paso de ese proceso: nacer de nuevo. Todo esto para que valores más lo que eres hoy.
Texto base: Juan 1:12-13
Para comenzar
Antes de escuchar
Hemos visto que ser hijos de Dios no es un mero decir. Hay un proceso que hace que lleguemos a ser hijos de Dios, que nos hace pasar de criaturas de Dios a hijos de Dios. Dice San Juan 1:
"…les dio potestad de ser hechos hijos de Dios." — Juan 1:12
No es un mero decir; el texto habla de algo real: "ser hechos".
Y explicábamos que el proceso tiene dos pasos:
- Primer paso: ser engendrado (ya lo vimos en la clase pasada).
- Segundo paso: nacer de nuevo (esto es lo que veremos hoy).
Sigue la enseñanza
La enseñanza de esta clase
Nacer de nuevo
En lo natural, entre ser engendrado y nacer pasan nueve meses. En lo espiritual no es así. Mira cómo lo dice el apóstol Pedro:
"Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre." — 1era Pedro 1:23
Pedro no dice "siendo engendrados" por la palabra, sino "siendo renacidos" por la palabra. Cuando la palabra de Dios entra en el corazón, Dios no solo siembra su simiente: hace nacer una vida nueva. La persona ya es una nueva criatura.
"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas." — 2da Corintios 5:17 (RVR1960)
"Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos." — 1era Pedro 1:3 (RVR1960)
¿Y cómo se nota que alguien nació de nuevo? Como a todo recién nacido, se le nota la vida: se arrepiente de su pecado, cree en Jesucristo, cambia su manera de vivir y obedece al evangelio.
El bautismo: la primera obediencia del hijo
Por lo general llamamos simpatizante a la persona que aún no se ha hecho bautizar. Si la palabra ya hizo su obra en su corazón, ahora le toca dar el paso que todo hijo de Dios da: bautizarse en el nombre de Jesús. El bautismo no es opcional; es un mandato del Señor:
"El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado." — Marcos 16:16 (RVR1960)
En el bautismo el nuevo creyente obedece, se identifica con Cristo y sepulta su vieja manera de vivir:
"Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva." — Romanos 6:4 (RVR1960)
Por eso, cuando entraste a las aguas para ser bautizado, algo grandioso ocurrió: el Padre celestial estaba feliz, pues alguien a quien su palabra hizo nacer de nuevo estaba cumpliendo el mandato de Marcos 16:16. Desde ese día ya no se te llama simpatizante: delante de la iglesia y de todos quedó a la vista que eres UN HIJO DE DIOS.
Si la palabra te hizo nacer de nuevo y de todo corazón obedeciste bautizándote en el nombre de Jesús, puedes decir con toda confianza: "AHORA SOY HIJO DE DIOS". Y el Padre puede decir de ti:
"Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." — Mateo 3:17
No fue de sangre, ni de carne, ni de varón
"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios." — Juan 1:12
Es muy importante saber que eres hijo de Dios, no porque a alguien se le ocurra decir que todos somos hijos de Dios. No es una simple idea; fue todo un proceso que, hasta no culminarse, no hubieras podido decir con tanta seguridad que eres un hijo de Dios.
"…los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios." — Juan 1:12-13
- No fue voluntad de la sangre, pues no es por el nacimiento biológico, el cual solo nos hace hijos de Adán.
- No fue de voluntad de carne, porque no es algo que logres con tus propios esfuerzos o méritos.
- Ni de voluntad de varón, porque ningún hombre en la tierra podrá darte ese título.
Solo la voluntad de Dios pudo hacerlo.
"Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas." — Santiago 1:18 (RVR1960)
Cuántas cosas hizo Dios para que seas su hijo
Recalquemos, pues, que si hoy puedes decir que eres hijo de Dios, es gracias a todo un proceso que el Padre celestial hizo en ti. Miremos cuántas cosas hizo Dios para que seas su hijo.
1) Nos engendró por su palabra, es decir, nos dio su semilla, su simiente.
2) Nos dio su naturaleza. Como todo hijo tiene la naturaleza de su padre. Por ejemplo: los hijos del león no podrían ser peces, pues no tienen la naturaleza del padre. Un hijo tiene la naturaleza del padre porque tiene su simiente. ¿Y cuál es la naturaleza de Dios? Como todos sabemos, es naturaleza divina.
"…por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia." — 2da Pedro 1:4
3) Nos devolvió su imagen. Se entiende que los hijos se parecen a sus padres, claro, porque tienen su simiente y su naturaleza.
"Como es aquel hombre terrenal, (Adán) así son también los de la tierra; y como es el celestial, (Cristo) así son también los del cielo." — 1era Corintios 15:48 (NVI)
Y el verso que continúa es aún más claro:
"Y, así como hemos llevado la imagen de aquel hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial." — 1era Corintios 15:49 (NVI)
¡Woo! Qué maravilla de texto.
4) Pone su Espíritu en su hijo.
"Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra." — Ezequiel 36:27
Sabemos, pues, que los hijos de Dios han sido engendrados por Él y han nacido de nuevo. Por lo tanto, tienen su simiente, su naturaleza y su Espíritu.
Al mirar todo esto, uno se llena de gran gozo al saber todo el proceso que ocurrió para llegar a ser un hijo de Dios. Cuando un ángel nos mira, ¿cómo nos mira? Como hijos de Dios. Y hasta cuando las fuerzas del enemigo nos miran, tienen que respetar, pues ¡está pasando el hijo del Rey del universo!
Para recordar
Ideas clave
- Ser hijo de Dios no es un mero decir: es algo real, "ser hechos" hijos de Dios, y ocurre por medio de un proceso de dos pasos: ser engendrado y nacer de nuevo.
- Somos "renacidos… por la palabra de Dios" (1era Pedro 1:23): la palabra no solo siembra la simiente, también hace nacer una nueva criatura.
- Al que nació de nuevo se le nota la vida: se arrepiente, cree en Jesucristo, cambia su manera de vivir y obedece al evangelio.
- El bautismo en el nombre de Jesús es la primera obediencia del hijo de Dios: un mandato del Señor, no algo opcional. En él nos identificamos con Cristo y sepultamos la vieja manera de vivir (Romanos 6:4).
- Quien nació de nuevo por la palabra y de todo corazón se bautizó en el nombre de Jesús puede decir con toda confianza: "Ahora soy hijo de Dios".
- No naciste de nuevo por sangre, ni por voluntad de carne, ni por voluntad de varón; solo la voluntad de Dios pudo hacerlo.
- Dios te engendró por su palabra, te dio su naturaleza divina, te devolvió su imagen y puso su Espíritu en ti.
- Los ángeles te miran como hijo de Dios, y hasta las fuerzas del enemigo tienen que respetar, porque está pasando el hijo del Rey del universo.
Para reflexionar
Repaso en casa
Escribe tus respuestas en tu cuaderno o descarga la guía en PDF. No es una tarea: es tu conversación con lo que aprendiste.
- 1
¿Por qué es necesario nacer de nuevo?
- 2
¿Cómo se nace de nuevo? (Lee 1era Pedro 1:23)
- 3
¿Cuántos textos puedes encontrar en la Biblia sobre nacer de nuevo?
- 4
Según Romanos 6:4, ¿qué representa el bautismo?


